Vestigios de un acontecimiento cotidiano
...el tiempo que se gasta no es el mismo que el tiempo que se construye... esta construcción es el vestigio de una plusvalía: la humanización del tiempo, la cultura...la trama de palabras con la que tejer lienzos para abrigarnos, para mantas, para pinturas...todos los días: el tiempo que se construye en una hora es mucho mayor que una hora... en eso estamos...
jueves, julio 03, 2008
domingo, febrero 26, 2006
viernes, febrero 03, 2006
El Arte en la sociedad contemporánea
El gigantesco tinglado llamado sociedad de consumo o cultura capitalista o el sistema, ¿es una entelequia?, ¿es una cosa que lleva en sí el principio de su acción y que tiende por sí misma a su propio fin? ¿Es un asunto planificado por unos cuantos malvados interesados en subyugarnos a todos, borrarnos la memoria de nuestro deseo y enchufarnos a una gigantesca máquina de soma? El mundo contemporáneo es el que construimos cotidianamente con cada decisión que tomamos: desde el canal de televisión que elegimos con el mando a distancia, hasta cambiar radicalmente de forma de vida y sustituir la codicia de bienestar por la satisfacción de la ayuda humanitaria. Todas y cada una de nuestras decisiones diarias configuran el mundo contemporáneo. El mundo en el que vivimos, el que nos satisface y el que nos aplasta, es el mismo. Las diferencias residen en los sujetos, precisamente, en nuestras formas de satisfacción. Y si la sociedad de consumo, la cultura capitalista, el sistema, funciona tanto y tan bien es porque cumple con las expectativas de satisfacción de millones y millones de personas. Cómo observe cada cual su propia situación dentro de este nuestro engranaje de cada día, constituye el ejercicio de responsabilidad por excelencia. La sociedad contemporánea parece no ayudar a explorar formas de satisfacción que estén a la altura del aparente progreso moral de la historia de la humanidad, pero que no se nos olvide que ha sido el esfuerzo de minorías culturales el que ha empujado la realidad hasta donde está. No son las sociedades tomadas en su totalidad, las que producen cambios culturales. Por otra parte este progreso moral no consiste tanto en una variación de las formas de satisfacción humanas, como en crear herramientas de legislación ú organización social que nos protejan cada vez más de nuestra propia barbarie, es decir: que sancionen sobre las formas de satisfacción. Así que seguimos progresando ¿hacia donde? Pues probablemente hacia el lugar imposible en el que la sociedad se fundamente sobre una conciencia individual del sufrimiento de los demás y sus significados, el desamparo humano y sus significados, la muerte y sus significados, la vida humana, sus significados y su valor. Esta conciencia es la única palanca ética para formas de satisfacción menos brutales, aunque esta conciencia no garantiza al sujeto la coincidencia en la dirección hacia el cumplimiento de su deseo. Nada puede situarse fuera del mundo en el que vivimos, nada puede situarse fuera de ?el sistema?. Nosotros somos los productores de esta sociedad de consumo, es un efecto de nuestra subjetividad, nos guste o no nos guste admitirlo. ¿Qué se pide entonces cuando se demandan espacios para la subjetividad? ¿A qué responde esta demanda? Ni más ni menos que un ensanchamiento de la realidad misma. Una operación en la incertidumbre de su límite. Una representación de aquello que se desvanece en ese límite. Esto es: una perspectiva simbólica. Este es el cometido del Arte y esta es la forma que el pensamiento adopta en el trabajo del arte, la forma simbólica. Eso que llamamos realidad no es una fabulación intelectual, es la construcción que habitamos humanamente. Como seres biológicos, esta construcción responde a aspectos de nuestra propia configuración de los que no podemos dar cuenta. Al conjunto de estos aspectos el psicoanálisis lo llama real. Además, por los efectos del lenguaje, los seres humanos imaginamos sobre nosotros, enmascarando nuestra biología para poder abordarla desde el pensamiento. A esto se añade nuestra conciencia de que existen terceros lugares más allá de la relación imaginaria que mantenemos con esta ficción de nuestra individualidad, ficción que muchas veces nos impide ver al semejante como alguien, más que como una imagen de nuestro propio reflejo. Estos terceros lugares, este tercer lugar es donde se representa lo que está ausente. Precisamente esa ausencia posibilita la representación. Es un espacio abierto para la experiencia recreada -una forma de reflexión con características propias- sobre aquello que no está y que, precisamente por eso, puede representarse. Ha sido destituido para ser representado. Esto es lo simbólico, y en esto consiste el trabajo del arte. En arte existen: el pensamiento simbólico, la experiencia simbólica, la forma simbólica? que son inseparables de las elaboraciones imaginarias y de lo real (significado radicalmente por la muerte). El límite de la realidad es el inicio de una ausencia, su ausencia. Ahí se instala la invención artística y ahí reside el valor del arte. Por esto el arte: la pintura, la literatura, escultura?cualquier forma de creación que no busca inicialmente una funcionalidad fuera de sí misma - aunque después otros se la otorguen- es la vía regia para comprender eso llamado realidad y para ensancharla. No es posible trabajar en estos asuntos desde la imposibilidad de una posición frente a la sociedad contemporánea. El único frente ?lugar de alquimias- es el de los atavismos de la satisfacción y eso es lo que, particular en cada uno de nosotros, nos enlaza en lo social. El arte no salva, ni redime, ni cura de la realidad. El arte crea la realidad, nos protege de ella, nos la explica. |
viernes, enero 27, 2006
Oseas XX
XX Después de la interrupción de la muerte. Después del punto. Oseas dice la vida es para vivirla como tú quieras, porque solo hay una, y se acaba. Me pregunto ¿cuál es mi deseo en la vida? ¿como deseo vivirla? Me pregunto sobre esta pregunta y encuentro otra mejor: ¿cómo es mi deseo en mi vida? Mi deseo mira. Las miradas son efímeras, no viven más allá de su tiempo, el tiempo de una mirada. Sin embargo parece que busco anidar en algunas miradas ?tiernas, amorosas- y habitar en ellas para siempre. Un imposible. Sabiendo algo de la reversibilidad de las cosas me pregunto ¿qué miro yo, más allá ?o más acá- de lo que veo? Siento que busco una mirada perdida. Alguna que soñé o que estuvo cerca, prestándose a velar por mí aquello que era mi desvelo: el desamparo radical que supone saberse -consciente- para la muerte. Anidar en esa mirada perdida y habitar en ella para siempre. Esa mirada fantaseada, esa que invento al buscarla, la que me calma cuando pinto. La mirada ?como el amor, como el arte- escapa de sus formas, escapa a sus representaciones sin poder prescindir de ellas. ¿Qué miro yo? ¿Es mi mirada lo que he aprendido a inventar? una que vele para mí mi desvelo. Una que vele el desamparo radical que supone saberse mortal entre mortales. Necesito algo que me haga regresar a mis veintiseis años de poeta. Creo que tanto tiempo en la universidad, las clases, leer los mismos textos teoricos... ha diseccionado mi habla y ha enterrado mis talentos, por lo que el tiempo es un accesorio inútil en mi existencia sin poesía -dice Oseas El tiempo como accesorio inútil me parece una ventaja, así no molestará si se acaba o si se encoje o si se multiplica... Pienso en un regalo de cumpleaños para Oseas: una pluma para que cave -en el aire- un túnel hasta sus veintiseis años. Gimnasia temporal. |
miércoles, diciembre 28, 2005
Oseas
VIX Dionisio murió esta Noche Buena. Después de cenar, de camino hacia su casa. Murió en brazos de su nieto, que le acompañaba. No sé si se dieron cuenta de la muerte en los instantes en los que esta sucedía, o si quizá solo la temían como una posibilidad, o quizá ni eso. Morir sin saber que se muere, es mi laberinto. Dos horas antes, se movía, charlaba, cenaba, animado por la vida, la suya, única e intransferible. Dos horas después era un cuerpo ?como otra cosa cualquiera, como una piedra, en medio de la acera. Un resto que ya no esperaba nada, ni deseaba, ni suspiraba. Nada. Un bulto bajo una sábana. La vida humana es eso: una estructura que se mantiene junta durante un tiempo y que sabe de ese equilibrismo que cesará algún día. Aunque procuremos no pensar en ello. Hay cosas que hacen que todo lo demás parezca muy extraño, una de ellas es la muerte ?dice Oseas. Es todo muy extraño, tan extraño. Las rutinas hacen posible transitar esa extrañeza que a veces se desvela. Las rutinas, como caminos en la nieve. La tarde del segundo día se celebró el funeral. Escuché al sacerdote hablar de la gloria de Dios y de la vida eterna. Me dividí en dos. Una de mis mitades pensaba que la fe cristiana ?y quizá cualquier otra- viene muy bien en el momento de la muerte. Viene a velar esa evidencia que el cadáver revela, la obscenidad cruel que representa, el abrupto se acabó. Mi otra mitad prefería mil veces la evidencia sin velos, aún sintiendo ecos imaginarios de un dolor extremo e insoportable. Pero la marca de la muerte en cada caso, aunque irreducible, dibuja el sufrimiento en los vivos de formas muy diversas. Intento preguntarme sobre mi muerte. Imagino, sin éxito, cual será la diferencia entre morir sin enterarse o morir sabiendo que se muere. Imagino cual sería mi preferencia: saberlo. Sé que solo estoy imaginando. No quiero imaginar sobre la muerte de Oseas. Solo imaginarlo es intolerable. Ni el amor ni nada puede modificar la muerte. El simple cesar. Se acabó. Quizá sea a partir de la experiencia de la muerte en otro, cuando puede decidirse si lo que la muerte despierta es una infinita piedad y respeto, porque cualquier logro, cualquier creación está sujeta a la precariedad de un tiempo de vida contingente ?como la verdad; o por el contrario decidir que ya que moriremos nada importa más que estorbar a la vida. |
sábado, diciembre 24, 2005
Efectos de la lengua del tirano: La palabra, como una verga, azota y viola. La obsecenidad cotidiana se enmascara en el biendecir. La amabilidad de las máscaras encubre lo ponzoñoso. Dibujo las formas de esta obscenidad para tenerla bien a la vista. Estoy atenta. Quizá así me hieran menos. Me pregunto sobre esta vigilancia agotadora, si no será peor que recibir una herida. Tengo miedo al dolor.
VIII Hacer de ti mi doble no es amarte. Este que contesta cuando alguien pronuncia mi nombre, este rostro, es mi disfraz. ¿Qué vas a pedirles a los Reyes Magos? Oseas se encoge de hombros y sonríe: tengo todo lo que necesito para ser feliz. Miro la imagen de su mirada que me mira desde el espejo, mientras se afeita. Yo también tengo todo lo que necesito para ser feliz. Observo su imagen sobre la superficie del espejo, como sobre la superficie de un cuadro. Oseas y yo compartimos el mismo espacio, dentro de un mismo marco. Oseas es mi incertidumbre, es el espacio del espejo por el que atravesó Alicia. La tía de Oseas ingresará el jueves en una residencia de ancianos. Al menos no estará sola. Es necesario hablar con alguien para no morirse ?dice Oseas. Para no morir antes de tiempo. Me pregunto si bastará con un libro o con una sopa de letras, o con cualquier conversación. Pienso en como seré a los noventa años ¿Cómo me gustaría ser? El pelo blanco, muy largo, adornado; la ropa alegre; los labios pintados siempre de rojo vivo ?como mi abuela; la carne justa. Oseas cumplió ayer treinta y cinco años. No le gusta esta edad: me hace pensar en la decrepitud y en la podredumbre. ¿Te sientes decrépito y podrido? No- responde Oseas. Me pregunto ¿quien es Oseas? Oseas es aquel sobre quien construyo mi fantasía del amor. El amor es una creación humana. La más humana y seguramente, la primera. Oseas es allí donde se representa la ceremonia de la vida. La vida como ceremonia. Oseas ?el amor- es la representación donde el sexo y el hambre se asocian y dan lugar a algo. L ceremonia más cercana al cuerpo, la que más nos aleja de él. La tela misma de la imaginación ?la superficie del espejo- puede llamarse amor, también. O al menos allí algo de eso se teje. Hambre y sexo. Tú y yo. Adán y Eva. El lugar que convierte el canibalismo en gastronomía y la muerte en deseo. Necesitamos el amor. Lo invocamos constantemente ? dice Oseas. Enamorarse es aceptar la separación del semejante.[1] Saberse distinto, separado, al comprar el pan, al tocar la bocina en un atasco, al subir al autobús, al amar? Aceptar la separación es aceptar las leyes de la física: dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio; y aceptar las leyes de la simbólica: dos cuerpos pueden ocupar el mismo espacio, simbólico. El secreto del amor está en las formas en las que cubrimos esta distancia, esta separación. Construimos imágenes ?posibles- para lo realmente imposible, modificando la realidad. [1] Txaro Fontalba |
domingo, diciembre 18, 2005
Tu y yo
Tu y yo (Txaro Fontalba)
El 30 de agosto escribí unas líneas que empezaban así:
?Sobre el otro:
Si el arte es saber sobre un sujeto, es un saber sobre un desvanecimiento.
El arte sirve de espejo al artista y al ser humano. Es una entrada, un lugar ¿imaginario?, es una imagen donde encontrarse con lo otro: el reflejo, el doble, el alter ego. Metamorfosearse imaginariamente en otra persona, otro sexo, o en una multitud.
El espejo es una superficie interior/exterior. Se abre un agujero, estoy fuera. Es una metáfora de mi propia exterioridad, de mi propia doblez ??
Hacer del otro nuestro doble, nuestro semejante, no es amarlo, ni comprenderlo. Así, el yo no sale de sí mismo, continua en su propia circularidad, en la proyección de sus propias aspiraciones y esperanzas. ¿Pero, cómo encarar al otro como prójimo, aquel que quizá no comprendamos, que es insondable, extraño, impenetrable y enigmático? Se habla de tolerancia dejando claro que algo molesta, que algo tiene el otro a lo que tengo que sobreponerme. Conocer al otro, ponerme en su lugar, figurarme su dolor, me acerca al otro, pero no es suficiente. Uno puede intentar comprenderlo y el otro empuñar una pistola.
En tu dibujo ?Cortapisa? el otro en primera instancia es un otro hostil, con el que no es posible un intercambio recíproco, no es un semejante, sino una amenaza. Este personaje siniestro me interpela, quiere hablarme, pero yo no quiero saber nada del él, no quiero ni escucharle, me opongo a estar cara a cara, no quiero mirarle, como si mirarlo fuera mi perdición. Si lo miro, posiblemente me explicará sus razones, intentará hacerme comprender sus maléficas motivaciones internas. Yo prefiero no mirarle a la cara e ignorar su verdad interior.
Lévinas dice que frente al otro, en el faz a faz con el otro, soy enteramente responsable de él, en una relación asimétrica que no necesariamente hace al otro responsable de mi. Un rostro nos tranquiliza, es la puerta ?humana? que nos conecta con los otros: ?Nada hay más opuesto a una relación con la faz que el ?contacto? con lo Irracional y el misterio?. El rostro domestica lo insondable del otro. Levinas es el filósofo que más hondamente ha reflexionado sobre la faz humana en relación con la ética y la responsabilidad. Eleva la faz humana a la ?autenticidad absoluta?, que funciona como el garante del orden simbólico universal que nos posibilita la mediación con los otros.
En el faz a faz los otros, la multitud desaparece. Se podría pensar que si elijo a una persona por encima de las otras, es como si traicionara al resto. La moral cristiana exhortaba a amar al otro como a sí mismo pero a costa del semejante, del tú. Cristo, según Lucas, decía ?si alguno viene a mí y no aborrece a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas ?y aun también su vida- no puede ser mi discípulo?.
En el psicoanálisis no existe un faz a faz entre el sujeto-paciente y el analista, ¿esto significa que no hay una intersubjetividad, que no existe un tú (como posición)?.
En tu dibujo ?Cortapisa? la cabeza cortada, el romper la cara, se produce (simbólicamente) para evitar el cara a cara?. Realizar un corte, un gesto de separación, separar la cabeza es establecer una distancia, trazo una línea, hago un hueco, desalojo un lugar ¿el lugar del tú? para hacer convocar a un tercero anónimo, los otros como multitud, como si dijera: no necesito la faz de los otros para hacerme responsables (éticamente) de ellos. Esta es la figura que parece proponer Zizek en ?Un alegato por la violencia ética?.
La deriva del amor
En el texto con fecha 22/08/2005 me preguntaba qué significaba trabajar contigo en una exposición. No se trata de fingirnos dobles, comprendernos, fusionarnos. Yo decía que debíamos dar un paso más, un tercer paso. Te decía que no encarnabas, no estabas en lugar, no sustituías al otro, a los otros. En realidad lo que quería señalar es el desequilibrio de la relación entre el amor y el vínculo social.
La pregunta sobre el tú (sobre el amor) ya apunta a un tercer lugar, más allá del tú (transcendencia, vínculo social, motor y cohesionador social). Insistías en la importancia del número tres: ?Las paradojas son aparentes contradicciones que se muestran señalando un tercer asunto. Solo esa formulación de aparentes contradicciones puestas juntas, es capaz de cernir el tercer asunto que señalan?.
Enamorarse, aceptar al otro (como alguien, soberano, no como simple extensión, un eco, instrumento o subordinado) es aceptar la separación. Una alteridad que no tiene nada de simétrica. Y este espacio, este hueco es un espacio de posibilidades, de incertidumbre. Aunque los discursos del amor, las figuras del amor son omnipresentes en su múltiples manifestaciones culturales (artísticas, publicitarias, marketing?) y son inseparables de los efectos de la subjetividad, ?el poder del amor, su omnipresencia parece, en su dispersión, demostrar su ineficacia actual en tanto que motor y cohesionador social?. Pero necesitamos el amor, lo invocamos incesantemente.
Dice Zygmunt Bauman en ?El amor líquido?: ?Los instrumentos de la unión yo-tú, por perfectos que sean su factura y su empleo, resultarán impotentes ante la variedad, disparidad y discordia que separan a las multitudes de potenciales ?tú? entre sí, manteniéndolos en pie de guerra: más proclives a los balazos que a una conversación?.
Todo esto me ha sugerido unos dibujos sobre tú y yo, como posiciones que se mueven:
En todas estas figuras yo y tú ocupan posiciones intercambiables. Existe una simetría, una alteridad simétrica que no se corresponde con las figuras asimétricas del amor contemporáneo.
Podemos hacer intervenir a otros, a terceros:
¿Soy yo (o tú) la cabeza colgada?
Tu y yo (Helena González)
En la relación faz a faz hay algo: un interfaz. Es ahí donde se soporta la relación. La ?Cortapisa? es la superficie del espejo, el interfaz? es decir: cuando la relación con el otro se establece con una predominancia imaginaria, no se entra en relación con el otro semejante, sino con la imagen especular del propio yo. En ?Cortapisa? el otro semejante no está representado. El otro semejante no es percibido como pantalla de proyecciones imaginarias, sino como las proyecciones mismas, para su identificación. En este caso la tensión, el lazo al otro semejante solo es constituido por lo que de mí mismo puedo identificar en él, por un lado (esto facilita la elaboración de la ficción mí mismo) Por otro lado, encarnará la representación de toda mi estructura formativa: las señales del Otro (una otredad imaginada como abstracción absoluta omniescente y omnipotente) Ese el disfraz que le otorgo al otro. Al mismo tiempo también sabemos que cualquier imagen especular que recogen la imagen de un ser humano se llama Narciso (me pregunto ahora por las Venus del espejo, sobre todo aquella de Velásquez que incluye la mirada del espectador en su espejo) Jaques Allan Miller trata este asunto de forma muy interesante en un texto titulado ?La locura fálica del yo? donde habla de golpearse a sí mismo en el otro
Entonces digamos que ese interfaz es la pantalla de representaciones. Lo que el arte hace es aislar el interfaz y trabajarlo. Trabajar su cualidad especular hasta el punto de que soportadas sobre los préstamos de las imágenes del yo, lo que se vislumbra allí sean imágenes del otro semejante o del mundo. Traspasar lo especular es el sueño de Lewis Carroll, un imposible. Inspirados por esta sugerencia que trata de cernir algo, sí se puede orientar el espejo hacia otros lugares, de manera que si uno quiere aparecer incluido en el paisaje, debe de cambiar de posición. Orientarlo hacia otro lugar supone un tercer lugar, porque hasta ahora sólo teníamos yo y la imagen de yo. La necesidad de esta terceridad se asocia a aquello que hablábamos de cierta suspensión del yo ?en sus aspectos más narcisistas- durante los procesos de creación, y esa cualidad de la obra: inquietud, incompletud, multiplicidad, unidad.
saber sobre un sujeto, es un saber sobre un desvanecimiento.
El desvanecimiento es el desvanecimiento de los aspectos narcisistas de yo
El arte sirve de espejo al artista y al ser humano. Es una entrada, un lugar ¿imaginario?, es una imagen donde encontrarse con lo otro: el reflejo, el doble, el alter ego. Metamorfosearse imaginariamente en otra persona, otro sexo, o en una multitud.
Precisamente nada es posible sin ese interfaz ?sin ese límite- sin ese velo, el velo de lo imaginario de la imagen. Si se rompe aparece la alucinación, la verdadera locura . Es exactamente una entrada, la entrada: la única forma de acceder al semejante: imaginarlo como tal ?no como mi identificación, es decir: como aquello que construye mi identidad. La puerta hacia el otro lado (nótese los tintes esotéricos) solo puede ser un velo. El arte se ocupa en ese velo, en ese tejido (tela, textura?) que se teje alrededor de la pulsión hasta ocupar su lugar mientras, simultáneamente como tejido vivo que es, muere o se deshace en otro lugar, al que hay que acudir a tejer. Esa textura se acomoda a la pulsión -a lo real- de tal manera particular en cada caso que es como su molde convertido en lenguaje: se puede hablar de ello aunque ello mismo casi no pueda ser hablado. Yo creo que la verdadera exterioridad se sitúa ahí.
El espejo es una superficie interior/exterior. Se abre un agujero, estoy fuera. Es una metáfora de mi propia exterioridad, de mi propia doblez ??
Exactamente. El tejido del arte es poroso, muy poroso. En el ejemplo que ponía Lacan en el Esquema Optico, él mismo señalaba un punto de falta en el espejo. Las pulsiones no se reflejan en los espejos (como demuestra muy bien la figura del Vampiro). El artista practica la exterioridad respecto a sí, el extrañamiento. Este ejercicio forma parte de su disciplina: es el distanciamiento respecto a la obra, para retomar el trabajo en ella. Es el paso atrás del pintor frente al cuadro. (...)
martes, diciembre 13, 2005
La Lengua del Tirano
He estado leyendo el texto de Juan Luis Moraza -en el catálogo de la exposición titulada ?(-3.200.00 + 2.005) TEJIDOS óseos, arquitectónicos, pictóricos?. Museo de Teruel. Diputación de Teruel. Es un trabajo muy interesante en el que se abunda sobre la idea de que el ser humano construye refiriendo en sus creaciones su propia constitución estructural, biológica. El ser del humano es un efecto de su propia estructura, un efecto de su biología. El lenguaje es un efecto ?también de esta biología- en el que el sujeto puede reconocerse como efecto, como ser. Ser humano y lenguaje son en simultaneidad recíproca. Esta simultaneidad constituye una separación en la que los humanos encontramos lugar para relacionarnos con nuestro cuerpo, con el de otros. Esta separación humanizante hace posible que nos ocupemos en asuntos como: aliviar el sufrimiento y procurarnos vidas algo más amables. Aunque también es en esta distancia donde anidan los asuntos más indeseables, como la tiranía.
El tirano es aquel que no dialectiza. Es un gobernante sin legitimidad, que manda sin razón y sin derecho y a medida de su voluntad. No se conforma expresando sus deseos en la sofisticación de las palabras, sino que aparece al imponer sus apetitos por la fuerza de sus actos. La tiranía es sinónimo de brutalidad, una cancelación de esa distancia humanizante que hace posible al conciencia. La tiranía se pega al cuerpo, reivindica ese espacio como dominio -un apetito se parece más a un impulso que a un deseo. El tirano obra en función de su necesidad de satisfacciones inmediatas para las que los otros seres humanos ?el otro- son puros objetos. La vida del tirano es un ejercicio de consumición y de consumación de sus impulsos. El tirano funde -de forma lasa - placer y satisfacción. El tirano reivindica el cuerpo como dominio. La libertad reivindica el cuerpo como parte estructural del ser humano, como lugar originario de esta experiencia: ser humano.
El arte es una experiencia muy cercana a lo real, a aquello que decimos que no existe porque aún no tiene estatuto de realidad, imaginación, idea, fantasía, sentimiento o símbolo. El artista es creador porque hace existir, da existencia. El artista observa lo real -aquello que es muy difícil de referir en palabras - y su trabajo consiste en cernirlo, atraparlo, señalarlo en palabras, en imágenes. Ubicarlo en el lenguaje y ubicar allí el lenguaje. La creación no es ex nihilo porque parte de lo real, es decir: de aquellos lugares de la estructura humana en los que la conciencia es muda, sorda y ciega. La experiencia del arte, los procesos de creación artística topan pues con el tirano. Entra en conflicto con él, discute su dominio. Allí donde a la tiranía le interesa la persistencia del silencio, a la creación le interesa la exploración de las formas. La exploración se inaugura con una pregunta. En esa pregunta viaja siempre la palabra. Las imágenes y las formas artísticas están a medio camino entre eso real, y su dialectización en el fluir cotidiano del lenguaje. Lo llamado creativo es esto. Un trabajo que se opone al del tirano.
El trabajo que hemos estado realizando Txaro y yo durante estos meses ha consistido en formar estas ideas, estas líneas que ahora leemos, a partir de nuestras creaciones particulares. Esculturas, dibujos, pinturas y conversaciones han ido atrapando y cerniendo aquello que barruntábamos como algo que a las dos nos incomodaba, hasta conseguir una forma singular que lo nombra: ?La Lengua del Tirano?. Las esculturas, imágenes y textos que hemos producido durante este tiempo son aproximaciones a la formulación del título que inicia este trabajo y que establece su clausura. Un final para poder seguir trabajando en ello. Encontramos que hablábamos afectadas por La Lengua del Tirano cuando pudimos darnos cuenta de que habíamos creado el órgano cortado como metáfora de una paradoja simbólica( a la que hemos llegado explorando otras figuras relacionadas con la idea de corte como condición para la existencia): el tirano (una potencialidad que nos habita a todos) no dialectiza -aunque hable- luego no tiene lengua; al mismo tiempo el tirano se ocupa en silenciar al sujeto que quiere dialogar, se ocupa en reducir esa separación en la que los humanos encontramos lugar para relacionarnos con nuestro cuerpo, con el de otros: quiere cortarnos la lengua. Quiere convertirnos así en tiranos, anular la separación humanizante hace posible que nos ocupemos en asuntos como: aliviar el sufrimiento y procurarnos vidas algo más amables. Esa distancia que constituye la experiencia consciente de ser humano. En nuestro trabajo aparece la idea de tejido como tejido del lenguaje, aquello que nos constituye. Hemos mantenido la particularidad de nuestros haceres singulares ?experiencias intransferibles de lo real-, jugando los papeles de trama y urdimbre, a veces tú a veces yo, intrincados hasta un tejido común de autoría conjunta.
Dedicamos este trabajo a todos esos combatientes de Salamina, pasados, presentes y futuros. Todos aquellos que son exiliados, silenciados y asesinados por hacer hablar al tirano y defender nuestra libertad. En especial -por la cercanía y por la contemporaneidad de los hechos- a los asediados y asesinados por ETA.
domingo, noviembre 27, 2005
Velocidades
Tardo un buen rato, o dias, o semanas en inventar una imagen, sin garantias... La televisión lo hace veinticinco veces por segundo, y ademas añade la sensaciónn de movimiento. En Nueva York hay mas heridos por mordeduras de seres humanos, que por mordeduras de ratas. El balancín es una palanca de primera clase.
domingo, noviembre 13, 2005
tú y yo; tú y yo; tú y yo; tú y yo ...
Los balancines: En movimiento La repetición La suspensión La posibilidad La distancia y la proximidad Ni culpables, ni víctimas, tampoco iguales, desproporción Balanza donde se aprecian las diferencias, espacio de pérdida de la inocencia ¿Culpa? ¿La suspensión de la crueldad? Perdón La condena, la impunidad La súplica (Txaro Fontalba 28 /01/ 2005)
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Txaro Fontalba Balancín (del tamaño de un balancín)
Oseas
VII
Mientras he estado enfermo he perdido todo contacto con toda esa periferia de asuntos. No me quiero enredar en los melodramas del deseo. ¿No es el deseo la ley hecha intimidad? (1) Oye ¿y qué tal está tu corazón? -pregunta Oseas. Reflexionar sobre el amor siempre me duele. El dolor es el precio que pago por deshacerme de él, del dolor. No encuentro otro camino. Un camino lleno de desmentidos: la pasión amorosoa no es el amor; la dependencia simétrica no es el amor; el vampirismo afectivo no es el amor; el secuestro del deseo no es el amor; el misticismo no es el amor; la simbiosis no es el amor? Mi corazón está bien ?respondo a Oseas- inquieto, como siempre. Tiene miedo de que se lo coman, supongo. Oseas se tumba juanto a mí. Faltan unos minutos para que se reanude el partido. Siempre es un placer hablar contigo ?dice Oseas. Me pregunto si la reciprocidad que siento es el amor. Me pregunto si ocultar esta inquietud acabará con ella. La respuesta se representa en las imágenes que produzco y la admito como un fracaso. Las miro y la inquietud sigue ahí, como una melodía de mis huellas en el camino que voy abriendo sobre la nieve de este particular misterio. Un fracaso necesario porque no hay respuesta. Solo hay desmentidos y preguntas. Oseas me acompaña y me espera. ¿Es esto el amor? ¿No vas a cenar nada? Tengo miedo de que me partas el corazón. ¿Quiénes eran esos?los vampiros ¿no?... les partían el corazón con una estaca?? Oseas le da la vuelta a la tortilla. Segundo tiempo.
(1) Txaro Fontalba
martes, noviembre 01, 2005
Jazibaba y la lengua del tirano
un metro y medio de grande.
Hace mucho tiempo, al principio de todos los tiempos, todos los hombres hablaban a la vez. Todos los hombres hablaban a la vez y ?por supuesto- no se entendían. Un día ?todos a la vez- decidieron que así no podrían continuar mucho más tiempo, y todos a la vez, decidieron pedir ayuda a la bruja Jazibaba. Tomar esta decisión les llevó mucho tiempo, doscientos o trescientos años por lo menos. Allí fueron todos los hombres y ?todos a la vez- le expusieron su problema a la bruja sabia. Jazibaba encendió su pipa y los miró a los ojos uno por uno. Así que? es muy importante entenderlo todo muy bien entendido? ¿verdad? ?dijo la bruja (con ironía). Es muy importante explicarlo todo muy bien explicado y ¡¡por turnos!! Es muy importante que cada cual tenga su turno? ¿verdad? ¿Es esto lo que queréis? ¡Si! ? dijeron todos los hombres a la vez. Muy bien, muy bien y ¿con qué vais a pagarme? Te daremos todo lo que tenemos, te daremos lo que nos pidas ?dijeron todos los hombres a la vez. ¡Os tomo la palabra! ?gritó Jazibaba, y mientras rugía esta frase sacó un gran cuchillo que llevaba escondido entre la ropa y con un rápido movimiento, le cortó la lengua al primer hombre que encontró a mano. ¡Muy bien! ¡Ya tenéis un tirano! ¡Já, já, já! ¡Ya tenéis vuestro turno para tener razón! ¡Já, já, já,!... Jazibaba se alejó saltando y riendo, en dirección a poniente, con una lengua en su bolsillo y los hombres comenzaron a hablar uno por uno.
Al regreso del mercadillo
Me gustan mucho los mercadillos. Es -de una vez cada vez- un lugar dónde todos hablamos al mismo tiempo, y dónde -por supuesto- entenderse es lo que menos importa. Hablámos de lo que hemos oído hablar. Contamos versiones lo que nos han contado. Algo llama nuestra atención y lo escuchamos para contarlo después. Txaro le ha comprado unas madejas a la vieja Jazibaba. Jazibaba nos cuenta historias escalofriantes, historias del país de los idiotas -dice ella.
viernes, octubre 28, 2005
Oseas VI
VI La gracia aparece cuando el plomo parece levedad, pero los árboles no levantan pesos. Oseas se alegra de verme: quiero estar contigo ¿Cuándo empezamos? He encontrado unas cartas que le escribí cuando estábamos separados: Hello love! Es verdad que te tengo abandonado. Aquí he pasado unos días entre estupendos y horribles: como en una montaña rusa. Serge se acaba de marchar hace media hora. El nuevo inquilino todavía no ha llegado y todos estamos en vilo. No sabemos quien vendrá. Max y Serge han estado en casa, sin pagar renta, una semana más. La sala esta llena de ropa, el pasillo de maletas y la escalera de zapatillas... En lo que llevamos de semana nos hemos cogido tres borracheras monumentales para olvidarnos de todo. Cada uno de lo suyo. Pero no se puede. Algunos no pueden. El narcótico ?para bien y para mal- sólo funciona unas horas. Los cuatro borrachos: Serge, Max, servidora...y Hege ?la más seria y responsable, o con menos que olvidar - que se ha ido siempre a dormir la primera. Maxime está hecho polvo. Ha estado brindando por nuestras mujeres, y por los hombres que se las follan. Cuanto más borracho está, más presente se hace el recuerdo de su ex-novia y el recuerdo de su traición. Es muy triste verle así. Se vuelve oscuro e inconsolable. Se va definitivamente a Portsmouth. Empieza a trabajar en día quince. Yo firmé mi evaluación el lunes: si no fuera por los problemas con el ingles, estarías tocando las estrellas con la mano -dijo la señora tutora. Voy a clases de ingles las tardes de los martes y los miércoles tres horas. El resultado del test inicial fue de un setenta por ciento sobre cien. El señor evaluador no se explica estos problemas con la redacción que le cuento: tu redacción es una de las mejores que he visto. A pesar de todas estas maravillas (léase con ironía) yo también estoy hecha polvo. Me siento incapaz de ver las dimensiones de los obstáculos que tengo que sortear. Un día se pone en cuestión mi comprensión de los contenidos del curso, y al día siguiente me felicitan por lo interesantísimo de mis comentarios. No entiendo nada. Seguramente no hay nada que entender. No he encontrado el momento ni el humor para contestar a nadie, y esperaba al sábado para hablar contigo. En este momento voy a intentar acabar el informe para la beca. Vuelvo a tener problemas con la tarjeta de crédito y todavía no he pagado la renta. Pensar en el dinero me atormenta. El training group también ha cambiado: han dejado de escarnecerme a reproches (por coger un vuelo que me llevó de vuelta al curso un día más tarde que a los demás, por no hacerme cargo de sus sentimientos al respecto, por decir que me encontraba bien allí, por no tener problemas en hablar de mis sentimientos francamente?) pienso que les han leído la cartilla, o algo así. O ellas mismas se han dado cuenta de que llega un punto en el que la crueldad no sale gratis. O yo lo he dado a entender. No lo sé. Voy a intentar concentrarme y no pensar en nada de esto. Será más fácil cuando Max y sus sombras, no estén. No puedo verle así, es como permanecer en las proximidades de un sombrío agujero negro. Busca consuelo y nada es suficiente. Por cierto que como se va a Portsmouth y le he hablado del ferry, me ha dicho que te va a llamar por teléfono para que vayas allí, para emborracharos juntos y a mí que me den dos duros... Ten amigos... Serge se ha dejado la gorra en casa. Eso quiere decir que volverá. La psicoterapia: tocando puntos difíciles. Te llamo el sábado. Maxime ha puesto todas sus camisas de cuadros en mi habitación y cada vez que entro siento una especie de alivio raro: como si fueran las tuyas. Te llamo el sábado .Un beso. Oseas me estaba esperando, te veo muy guapa. Oseas no cree en árboles, ni en ramas con pesos colgantes, cree en el consuelo. Frases suyas son: Animo, termina, y cuando apruebes y vuelvas, lo celebraremos con una botella de champagne. ¿Y si no apruebo? Pues también lo celebraremos. Otras frases: No te preocupes. Tenemos muchas cosas que compartir en la vida y el dinero no es una de ellas. Y pagó mis gastos. Otras frases: En ese caos donde trabajas, lo mejor que puedes hacer es fabricarte tu pequeño mundo y disfrutarlo con quienes te apetezca. Y se va dormir. Quiero a Oseas. Le quiero tanto que prefiero no tener conciencia de ello. En la cúspide de esa conciencia siento terror: imagino la posibilidad de que Oseas desaparezca. Pienso que no podría vivir sin Oseas. Pienso que no sabría explicarme el mundo sin Oseas a mi lado. Pienso sus palabras cotidianas, señales de una sonda en las que puedo interpretar la topografía de las profundidades de mi vida. Esta dimensión espacial amplia, múltiple y mágica que existe solo gracias a Oseas. ¿Maxime te ha regalado una estrella? No sabe que yo antes ya te había regalado el cielo entero. |
domingo, octubre 16, 2005
Oseas
V Oseas representa mi rutina. Oseas es el lugar de mis rutinas, ese espacio conocido que voy transitando. Allí donde se posa mi decisión de abrir un claro en la espesura de los acontecimientos. Ese es Oseas. Allí donde se calma la agitación del movimiento de este ejercicio de desbrozar un camino conocido en medio de la opinión común. Llego a un lugar llamado Oseas. Allí me acojo. Oseas hace un hueco para mí en su imaginación: una de mis fantasías es que llegue el momento en el que podamos trabajar juntas, otra vez, como entonces. Fue muy agradable, fue bueno. No podremos repetir aquello jamás. La idea de no repetir hace avanzar el deseo de coincidir, de nuevo. Querido Oseas: ¿Por qué te cuento tantas cosas de mi vida? ¿Por qué me parece que lo que diga siempre será poco? ¿Por qué hay un decir imposible? ¿Hay un decir: imposible? Hay imposibilidades que matan. Si no matan la vida que la lápida representa, matan el ánimo, las ganas de la vida. Cuando las ganas de la vida están enfermas, el sufrimiento se multiplica. Es el sufrimiento de la víctima, más el sufrimiento de suponerse, también, verdugo. A veces me resisto -con dificultades- a la tiranía, a la arbitrariedad a la que un dictador tirano quiere someterme para que no quiera nada. A veces me resisto a una moral tirana, oculta en los repliegues de mi ser, tatuada en sus profundidades. Una vez le dije a Oseas: Creo que soy como un árbol al que alguien ha colgado plomos muy pesados en las puntas de sus ramas para evitar que crezca. El peso de ese plomo se va incrementando con el tiempo, sin que nadie lo toque. Es como si el peso creciera también con el árbol, como si ambos formaran parte de la misma unidad. El árbol crece, las ramas se curvan ? Creo que si no viene alguien pronto y corta los hilos que sujetan estos pesos, las ramas se irán rompiendo, el árbol se morirá. Oseas dijo: lo que yo veo es un árbol, frondoso y fuerte, del que cuelgan unos graciosos adornos, cuyo brillo hace resaltar la hermosura de su copa. Dije: ¡gracias! Y pensé que detrás de lo imposible hay más. Fuerza, vigor, pujanza, capacidad, potencia, brío, florecimiento, autoría. He escrito detrás, podía haber escrito después. En algunos lugares el tiempo y el espacio parecen tener la misma substancia. El otro después de lo imposible es la autoría. La autoría está en el después de lo imposible. Así que la flor azul del pensar -eso que te pido- es el después del imposible: la causa original, el motivo, el móvil, la razón, el principio, el fundamento? todo esto es el después del imposible, un después que me antecede. Siempre Oseas. |
martes, octubre 04, 2005
Oseas
IV Oseas me habla de su sufrimiento. Vuelve a trabajar por las tardes, las tardes en las que se dedicaba a la ensoñación de sus invenciones. No quiere que le deje solo la semana de las fiestas del pueblo. No quiere pensar en la posibilidad de sentirse mal y estar solo. No quiere dar lugar a esa posibilidad. Me pide que me quede. Su última nota causa en mí el efecto de una carta de amor. Escribo una carta de amor. Los paisajes que describen las palabras son amplios, múltiples, mágicos, incompletos. Los gestos, la palabras, las miradas de Oseas no tienen ultimidad. Ni son los últimos, ni ultiman nada. Ahora está dormido. Este ahora es una casualidad entre Oseas y yo. Ahora ?imagino- sus miradas, sus palabras, sus gestos en mí. Innumerables, memorables, o no, inatrapables. Como el oxígeno que entra en mis pulmones, el aire transformado. Como señales de una sonda en las que puedo interpretar la topografía de las profundidades de mi vida. Esta dimensión espacial amplia, múltiple y mágica que existe solo gracias a Oseas. Son los tránsitos de Oseas por la superficie de mis sentidos, los que viajan y resuenan como ecos, dibujando los mapas de mi experiencia. Sus miradas, sus gestos, sus palabras se filtran hacia el interior, penetran el umbral de mi apariencia ?más allá de esa que dice yo, cuando alguien me nombra. Las miradas, los gestos, las palabras. Una alquimia a la que solo podemos acercarnos por medio de vastos remedos: la piedra filosofal, la vida eterna, la mitología sexual? Sustitutos, ideas, metáforas, representaciones de esta experiencia de profundidad. Profundidad sin tercera dimensión. La originalidad de la dimensión humana. Esa profundidad que la existencia va cavando en la vida. |
martes, septiembre 27, 2005
Explosión paradójica: lo uno y lo múltiple. Las paradojas son aparentes contradicciones que se muestran señalando un tercer asunto. Solo esa formulación de aparentes contradicciones puestas juntas, es capaz de cernir el tercer asunto que señalan. Una paradoja es una figuración retórica que señala la convivencia de una trinidad de asuntos, siendo el tercero, un asunto -iluminado por la aparente contradicción- que solo puede atisbarse por su situación como numero tres en una paradoja. Al menos tres. Este tercer lugar puede que se abra como un abanico, explosione como un caleidoscópio, y se constituya en lugar de lugares. Una agitación que abre la realidad y la multiplica. Abanico, criba, cedazo de las cosas del aire ?las palabras, las miradas?Una agitación que solo tiene un contrario: la opinión común[1].
[1] PARADOJA encuentra su raíz etimológica en el plural neutro de parádoxos ?contrario a la opinión común? (R. Corominas; Breve diccionario etimológico de la lengua castellana)
En el molde[1] del amor se encuentran ?quizá- muchas de las formas del deseo. El deseo paradójico se experimenta como un puente hacia la realidad. Es un camino que se va abriendo paso, a base de ser interrogante, explosión caleidoscópica, lugar de lugares. ¿Ese es el lugar del amor. El deseo no puede ser contradictorio sin dejar de ser deseo. En la contradicción -allí donde no hay lugar para la paradoja- dos términos se oponen uno a otro y recíprocamente se destruyen. El amor contradictorio es un empeño doloroso en lo imposible. En la contradicción, los dos términos no son solubles en la paradoja de una multiplicidad caleidoscópica.
[1] Molde para algo que no tiene forma, y que necesita de las formas para representarse, para hacerse percibible
domingo, septiembre 18, 2005
Oseas
III¿Qué me traes? ?pregunta Oseas sonriente, como si esperara un regalo, algún recuerdo, algún fragmento de mi vida, de las horas que paso fuera de aquellas cuatro paredes. Oigo mi voz antes de tiempo. Sin hacer lugar para el misterio que encierra mi respuesta, precipito en la voz: un proyector de transparencias. Para ampliar imágenes transparentes, para verlas en un tamaño mayor, hacerlas visibles, mejorar la posibilidad de ser apreciadas, estudiarlas con detenimiento. Mis imágenes transparentes. Es un trabajo esforzado el de producir imágenes, y más esforzado aún es el trabajo de convertirlas en transparencias. El trabajo de pintarlas de nuevo, continuar, empezando, empezar a amarlas de nuevas, cada vez, de una vez; doble o nada a cada momento, tiene tanto de trabajo como de juego. Y de esta relectura nace la cotidianidad dulce e imperfecta del arte: acceder a una conciencia más certera? sobre la índole de las imágenes transparentes. ¿Cuál es su condición propia?, su naturaleza, su disposición, sus propiedades. ¿Cuáles son las mías? Puesto que yo las invento, yo debo conocer todo sobre esto. Y señalo en el espacio de la pared de la habitación de Oseas, el tamaño que ocupará mi estudio: un proyector de transparencias sirve para hacer que cosas así de pequeñas, se vean ¡así! de grandes. Señalo, sobre un espacio de pared desnudo, enorme, mucho mayor que mi propio tamaño. Señalo la magnitud de mi estudio, su alcance, su profundidad. La superficie es el resultado de mi altura ?mi cuerpo erguido-, multiplicada por la distancia entre mis brazos extendidos. En una pared grande, desnuda, recorto mi tamaño. El tamaño de mi esfuerzo. El tamaño de un abrazo. Ya, hasta ahí ya llego, ya sé lo que es un proyector de transparencias ? dice Oseas. Entonces me doy cuenta de que estoy cansada de que esté enfermo, si, tan insuficiente, tan desacertado. Discúlpame, Oseas, por resistirme a la repetición de ese orden absoluto con el que el polvo se posa en los rincones, con el que las pelusas se arrebujan en las esquinas, con el que los dolores se amontonan en los huesos. Discúlpame por sacudir constantemente la inercia del desorden, por no ser condescendiente con tus quejas, por no guardar el molde de tu cuerpo en los almohadones del sofá. Por no hacer de ti una estatua adorable. Discúlpame por no amarte tanto, así. Y, como no es posible que disculpes mi propio agravio - al menos, perdóname. Me quieres sano, siempre dispuesto a lo que sea, a satisfacerte, en buenas condiciones, a punto, como un hombre debe estar? ¿para una mujer? Oseas, titán doméstico, piensa que él es su aflicción ?estoy hecho un inválido, un tullido, un viejo- . Pienso que no cuido de esta aflicción ?es cierto, quiero que se extinga- sino de él. Pienso que es por eso que la enfermedad me cansa, porque cuando se interpone, ocupa ese lugar vacío donde se tensan las cuerdas de nuestro deseo. Pienso que me daría igual si le faltaran las dos piernas, me daría igual si tuviera ochenta años. Pienso que la enfermedad puede llegar a constituir un estado de ánimo (como la vejez, la profesión, el género) Pienso que se olvida de que está enfermo y cree que es enfermo. Pienso que una circunstancia no es un ser. Pienso que es a su ser a quien espero, a quien presto atención, para quien soy solícita. Pienso que esto no puede resultar más cruel que su dolor. Pienso que así se olvidará de él . Con que tú estés aquí, ya me siento mucho mejor ?dice Oseas. Y yo me pregunto: si fuera que yo le quisiera sano, siempre dispuesto a lo que sea, a satisfacerme, en buenas condiciones, a punto, como un hombre debe estar -¿para una mujer?- ¿funcionaría este bálsamo? Puede ser que otro ?cien veces más amable que yo- le mimara, le animara, le alimentara, le cuidara, le empujara hacia delante, le sujetara. Otro cuerpo con otra voz y otro pulso, entonaría para él todo este poema árabe. No sería lo mismo, no serías tú ?contesta Oseas. Hay muchas formas de amar. Pienso que incluso las formas del amor escapan a sus adjetivos. Pienso que hay muchas formas de amar, y que, aún ?y aunque hubiera infinitos de infinitas de formas de amar, formas pulverizadas, aun siendo irreducible, aún así- el amor no está en sus formas y sin embargo, está ligado a sus representaciones, no puede darse sin ellas. Esto llamado amor, me recuerda a eso llamado estilo. El amor funciona como un proyector de transparencias durante el proceso de una pintura. Tú dibujas personajes con instrumentos de visión, catalejos? La mirada no niega el deseo, pero añade al deseo una distancia, una dilación y un espacio. Una conciencia del punto de vista, de la posición, de uno mismo como lugar, como membrana sensible, superficie de encuentro entre aquello que nos constituye y destituye. Pero no es tanto tomar distancia como estar o habitar en esa distancia[1] ?dice Oseas. Situada en la distancia entre la imagen que viaja desde el proyector hasta la superficie donde esta se revela, se muestra y en ocasiones hasta se rebela. Solo la vida de mi cuerpo, solo el pulso en mi mano puede detener un momento de todo esto. Ese es mi regalo fundamental. Saber mostrarlo, mostrárselo a quien lo originó. Origen y destino se encuentran. ¿No son estos, el aquel y el allí con los que sueña el amor?
[1] Txaro Fontalba
Oseas
II Cuando Oseas enfermó me dijo: he descubierto abruptamente, lo perturbador que resulta para mí sentir dolor y estar solo. Con que tú estés aquí, ya me siento mucho mejor. Le pregunté qué me había traído de sus vacaciones, esperaba algún recuerdo, algún regalo. Oseas contestó: te he traído las ganas de continuar. Dije ¡gracias!, y pensé en continuar, empezando. Me propuse no empezar por una repetición. Enseguida me di cuenta de que hay asuntos que es mejor no proponérselos. Cuando llegué a casa Oseas me miraba en línea recta. Una línea recta discontinua, interrumpida por el pudor que hace posible la conversación. Te quiero mucho ?dijo y pensé en continuar, empezando. Empezando a amarle de nuevas. Cada vez, de una vez; doble o nada a cada momento. De esta apuesta nace la cotidianidad dulce e imperfecta. Si fuera otro quien hubiera escrito esto y yo lo leyera, pensaría que tiene mérito, que es elevado pensar así, refinado, deseable. Oseas sonríe: vete a la cama, estás muerta de sueño. La noche anterior no pude dormir. El día anterior a su regreso ?hace dos días- sentía un nudo en la parte de arriba del estómago, y pensé que algo familiar se acercaba peligrosamente, pensé que iba a retroceder, a darme la vuelta, a despertar de un sueño a una pesadilla. Pensé que todo se volvería espeso, brutal, incomprensible. Es curioso lo que ocurre con este sentimiento de amenaza: lo esperaba en tiempo futuro, cuando sé que es un temor arraigado en el pasado. Pensé que el peso de la gravedad volvería a sepultar mi voz. La gravedad y la gracia[1]. Pero la multiplicidad insostenible de la gracia ?su levedad- es voz, sin más, sin mensajes. El mundo entero se vuelve contemplable; como una novela por escribir, como un escenario poblado de personajes, como una historia que me mira para darme la vez: ¡ narrador, es tu turno! El mundo entero parece una ficción, sutil, una textura transparente en sus partes más próximas: los amigos, la panadería, el parque, el trabajo, el misterio?Y más opaca en los rincones del miedo ? en las esquinas recónditas abiertas ante mis ojos como una pornografía de la brutalidad: amenazas, a plena luz del día, atrincheradas en esa libertad de expresión[2], en la instancia del desamparo, a plena luz del día. La crueldad, de la que nadie puede protegernos, se vuelve enjambre de moscas en los ojos de un niño etíope ó guardaespaldas. El mundo entero parece una ficción. Es el efecto de la distancia necesaria para sentarme a escribir. No sé escribir con los muertos sentados sobre mis hombros ?aunque me rondan y la compañía de algunos me inspira. Comparto el mismo destino, la misma suerte ?la muerte- de aquellos conocidos a los que admiro: Miguel Angel, Caravaggio, Leonardo? esto me calma. Digo ¡gracias! y pienso en continuar, empezando. Me propongo no empezar por una repetición. Oseas dice: ya estas cansada de cuidarme. Lo dice porque lo teme, y yo temo la repetición. El sofá en la misma posición que ayer, con la huella de su cuerpo marcada en los almohadones. La manta en el mismo rincón en el que cayó ayer, el mismo rincón en el que cayó el día anterior. Las motas de polvo almacenándose en los mismos lugares. Las pelusas arrebujándose en los mismos rincones. Hay quien llama a esto desorden, a mí me parece un orden absoluto. Las frases dichas de la misma manera, a las mismas horas: ¿qué te apetece comer hoy?, ¿te apetece comer hoy?? Hay que sacar al perro, ¿bajarás la basura?, ¿cómo te encuentras?, ¿has tomado las pastillas? ¿Qué es lo que se repite? ¿La enfermedad? ¿Ecos de otro pasado? Es curioso lo que ocurre con la imaginación de la amenaza: la situamos en tiempo futuro cuando suele tratarse de un temor arraigado en el pasado. Así evitamos habitar el presente con todo el cuerpo y toda el alma. Ese orden absoluto es morirse. Esa repetición. Reiteración sin avance. Acumulación, estanque de circunstancias, estanque de frases que en realidad no viajan. ..¿Rutina? La rutina es otra cosa. Rutina significa una ruta, un camino abierto, una rompedura. Rutina significa una relectura de los días, esos bosques que se cierran al dormir, y se abren al soñar. Rutina significa un camino conocido por el que avanzar, una relectura de la cotidianidad. Releer no es repetirse, es ofrecer una prueba siempre nueva de un amor infatigable[3]. Repetir es el recordatorio de la muerte. No, la repetición no es la enfermedad. Hasta el dolor es contingente, variable e incluso a veces: representable, en algunos de sus aspectos. A veces se lo puede suspender, a veces ignorar, distraer, a veces traer a la presencia ?como el dolor de un narrador, en un diálogo de enamorados que no se quieren. El dolor no siempre viene acompañado de la muerte. La repetición sí viene siempre acompañada de la muerte. La repetición está en el pulso cardiaco: cada latido es un paso más hacia la muerte, certificando que estamos vivos. La repetición es el riesgo en el que abrimos camino cada día. De esta apuesta nace la cotidianidad dulce e imperfecta, rutinaria. La rutina rompe (o al menos distrae de) ese orden absoluto de las acumulaciones -gestos acumulados, circunstancias acumuladas, frases acumuladas, miradas acumuladas, dinero acumulado- que tienden a repetirse como un pulso. Acumular, amontonar, exceder, colmar, es morir. Acumular, amontonar todo aquello que uno quiere, colmarse, morirse. La pequeña muerte, se dice. Seduce. La repetición está en la pincelada, un gesto rítmico ?como un pulso- en la carne del cuadro: la pintura. Mientras pinto persigo lo que quiero? ¡no! ¡No! ¿No es ese el camino de la muerte? Seguir su rastro no significa invocarla, precipitarse hacia ella, atraerla, anticiparse a su tiempo feroz. Y ¿entonces? Entonces, se puede elegir: Quiero lo que persigo ¿Qué es saber lo que se quiere? Este avance no significa progresión. No significa un camino sin escalas que se corta en la muerte. Saberse en lo que se quiere, en lo que se tiene. Y ¿en qué consiste este haber? Oseas se acerca para saludarme, besa mi cuello, ha escrito una carta para mí: Tú eres singular, particular, individual y no encarnas nada ni nadie fuera de ti misma. De algún modo por haber sujetado mi obra en la tuya, por haberme sujetado en ti, accedo a una conciencia más certera de mi ser individual. ¿Esto es el amor?[4] Cotidiano, tenue, diferido. Cada vez, de una vez, en el riesgo de la contingencia: puede hacerse, allí, algo, el amor. Puede que no se haga, allí, esa vez, otra cosa que un repetir. [1] Simon Weill [2] Cualquiera puede decir lo que quiera, que puede ser amenazar o gritar vivas al terrorismo o reclutar guerreros santos desde el púlpito de una mezquita ? [3] Daniel Pennac [4] Txaro Fontalba |
sábado, septiembre 10, 2005
Oseas
I Hay muchas formas de amar. Pienso que incluso las formas del amor escapan a sus adjetivos. Pienso que el amor escapa también, a sus formas. Escapa a sus representaciones sin poder prescindir de ellas. Pienso que hay muchas formas de amar, y que, aún ?y aunque hubiera infinitos de infinitas de formas de amar, formas pulverizadas, aun siendo irreducible (es decir: aunque dejara rastros e indícios), aún así- el amor no está en sus formas, y sin embargo está ligado ?como casi todo lo humano- a sus representaciones. No puede darse sin ellas. ¿Es al amor inaccesible, describirse por el amor? El amor es social y transferible. Uno y difusión. Sólo tú puedes sentir este amor que no es en propiedad, aunque está en la propiedad de alguien, en su haber, en su lugar, en una superficie - superficie de encuentro entre aquello que nos constituye y destituye- una membrana sensible[1], una posición habitada, un instrumento de visión, un haber. La distancia que se añade al deseo para hacerlo transitable. Yo puedo testificarlo. |
miércoles, agosto 24, 2005
nana para la ansiedad del caleidoscopio
La palabra organiza, la mirada organiza la oscuridad caleidoscópica, la simultaneidad, la promiscuidad anterior a la palabra, la mirada que la palabra organiza. Hablo porque puedo hablar a alguien a la luz del sol -o de la luna nueva-Sentir cataratas de cuerpo en las palabras -mi cuerpo hecho catarata de palabras. Palabras sujetas en tí unos instantes, para adquirir una conciencia más certera de mi particularidad. Casimposible se divide -como las partes de un cohete que viaja para explorar la inmensa profundidad de lo desconocido- Casi, la capsula que avanza. Imposible, el gastado tanque de combustible que se queda atrás. Inmensa, tan inmensa como casi, tan casi como imposible.
22/08/005 El otro en arte (Txaro Fontalba)
El otro en arte:"Las obras de ficción existen en un espacio entre el doble y el otro", Paul Coates.
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